Recuperando plástico del río para devolverlo a la economía circular
Cada kilo de plástico atrapado en el río es un kilo menos en el océano y una oportunidad más para convertir contaminación en soluciones reales.
La barda recolectora del Río Virilla forma parte del programa nacional Paisajes sin Plástico y está ubicada estratégicamente a unos 300 metros de la Planta RESIN8™, en Belén.
Su localización no es casual. La barda se encuentra aguas abajo de la unión del Río Tiribí y el Río Torres con el Virilla, en uno de los puntos de desfogue natural más importantes del Gran Área Metropolitana. Esta confluencia convierte al sitio en un corredor crítico por donde fluye gran parte de los residuos arrastrados desde zonas urbanas, alcantarillas, tragantes y quebradas.
El Virilla es además uno de los ríos más contaminados del país, por lo que interceptar el plástico en este punto representa una oportunidad clave para atrapar los residuos aguas arriba es mucho más efectivo, menos costoso y ambientalmente más eficiente que intentar recuperarlos una vez que llegan al mar, donde se dispersan, se fragmentan en microplásticos y su recolección se vuelve técnicamente compleja y económicamente inviable.
Se trata de una barrera flotante instalada en diagonal sobre el cauce del río, diseñada para aprovechar la fuerza natural del agua y dirigir los residuos flotantes hacia la orilla, donde pueden ser retirados de forma segura.
Desde su instalación, esta infraestructura ha permitido recuperar más de 4 toneladas de plástico trágico, evitando que estos residuos continúen su recorrido hacia el océano Pacífico y demostrando cómo una solución local puede generar impacto ambiental real.
Se denomina plástico trágico a aquel residuo plástico que, además de contaminar visualmente el entorno, daña ecosistemas, afecta la fauna silvestre y termina ingresando a la cadena alimentaria humana en forma de microplásticos, convirtiéndose en un problema directo de salud pública y ambiental.
La barda es gestionada PEDREGAL y CRDC Materials, como parte de un esfuerzo articulado que busca no solo retirar plástico del ambiente, sino transformarlo en arena sintética RESIN8™ para reincorporarlo como materia prima en la construcción, cerrando así el ciclo bajo un modelo de economía circular.
Durante el primer año —marcado por una estación seca— la recolección fue realizada principalmente por personal de RESIN8™. A partir del segundo año, el aumento de residuos obligó a implementar una operación más robusta, incorporando maquinaria y creando un programa permanente de voluntariado.
Hoy, empresas, universidades y comunidades participan activamente en jornadas que incluyen:
• Charla educativa sobre la problemática del plástico.
• Separación directa de residuos en el sitio de la barda.
• Visita a la planta para conocer cómo ese plástico
se transforma en RESIN8™.
Esta experiencia conecta a las personas con la realidad del problema y, al mismo tiempo, con la solución, mostrando de forma tangible cómo sus acciones pueden convertirse en materiales útiles para la construcción.